En una de sus catequesis recientes, el Papa afirmó: «Cristo nos alcanza también en este abismo, atravesando las puertas de este Reino de Tinieblas. Entra, por así decirlo, en la misma casa de la muerte para vaciarla. Para liberar a los habitantes tomándoles la mano uno por uno. Es la humildad de un Dios que no se detiene delante de nuestro pecado, que no se asusta frente al rechazo extremo del ser humano». La fuerza poética de estas palabras es innegable, pero su formulación, leída sin precisión teológica, corre el serio riesgo de sembrar confusión en un asunto que la Iglesia ha tratado siempre con extremo cuidado.
La fe católica enseña que Cristo descendió “a los infiernos” tras su muerte, pero el sentido de esa expresión —descendit ad inferos— no se refiere al infierno de los condenados. En la tradición bíblica y patrística designa el sheol o hades, el…
Autor: INFOVATICANA
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