Nunca nadie sufrió tanto, con tanta fuerza y altivez, como la Madre de Dios. Uniéndose a las intenciones de la Trinidad Santísima, Ella quería el aplastamiento del demonio y de la Revolución para siempre

Redacción (04/04/2026 07:38, Gaudium Press) En la presentación del Niño Jesús en el Templo, en determinado momento se acercó a Nuestra Señora el profeta Simeón y prenunciaba para María Santísima un sacrificio: “Una espada traspasará tu alma” (Lc 2, 35). Es decir, Ella tendrá uno de los sufrimientos más atroces que una persona puede soportar. Y él anuncia eso con treinta y tres años de antecedencia.
María Santísima cargó la previsión de ese sufrimiento durante todo ese tiempo y lo vio llegar a lo lejos. Así, su alma inmaculada, creada sin pecado original, se fue perfeccionando y santificando en la larga previsión y aceptación del dolor que debería…
Autor: Saul Castilblanco Mosos
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