“¿Quién pecó, él o sus padres?” (Jn 9, 2) Esta frase de los evangelios, aunque pronunciada hace dos mil años, aún está viva y presente, por desgracia, referente a las personas con discapacidad, a quienes se ve más como discapacitados que como personas e hijos de Dios.
En ocasiones vemos las discapacidades como errores de Dios y no como verdaderas medallas de la vida: aquello que no entra en los cánones estipulados por el hombre, queda descartado de esos valores que son, en fin, nuestros prejuicios. (¡Aquella chica sin manos, feliz de la vida ayudando a otros! Podría pedir ser cuidada, estar atendida y, sin embargo, servía a los demás…)
Todos tenemos discapacidades
Nos veis como personas no completas. Pero todos llevamos esa medalla de la discapacidad:
-Mi discapacidad de amor, porque sólo quiero a los que acepto… cuando debo querer a todos.
-Mi discapacidad…
Autor: Ignacio Segura Madico

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