El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que el oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios, oral o escrita “ha sido encomendado sólo al Magisterio vivo de la Iglesia, el cual lo ejercita en nombre de Jesucristo» (Dei Verbum 10), es decir, a los obispos en comunión con el sucesor de Pedro, el obispo de Roma” (85). Y agrega inmediatamente, citando nuevamente al Concilio Vaticano II: “«El Magisterio no está por encima de la palabra de Dios, sino a su servicio, para enseñar puramente lo transmitido, pues por mandato divino y con la asistencia del Espíritu Santo, lo escucha devotamente, lo custodia celosamente, lo explica fielmente; y de este único depósito de la fe saca todo lo que propone como revelado por Dios para ser creído» (Dei Verbum 10)” (86).
Autor: Germán Masserdotti
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