El odio es una pasión que actúa a modo de reflejo manifiesto de algo que permanece oculto en los repliegues de nuestra alma. De ahí que el odio religioso sea el más habitual –y el más pujante– de todos los odios: puesto que el ser humano es, por naturaleza, un ser religioso, la represión de su identidad religiosa azuza el odio; o cuando menos un sentimiento de pesadumbre íntima que se suele mitigar abrazando los más diversos sucedáneos idolátricos: utopías ideológicas, afanes mundanos, concupiscencias plutónicas o venéreas, etcétera.
Autor: Juan Manuel de Prada
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