El inevitable error histórico de los católicos liberales fue asentir a las consignas políticas enemigas del cristianismo. Comulgaron con una idea de libertad llena de pájaros en la cabeza y de frenesí en el corazón, sentada en la no reglamentación de la conducta individual, con una noción de la política meramente formal dictada por los contratos constitucionales. ¿Qué podía salir mal? Se tragaron una libertad peregrina modulada por los sacrosantos constitucionalismos, según la cual la licencia de cada individuo empezaba justo donde acaba la del otro y viceversa.
El problema que tenía aquella libertad para románticos embriagados era que nunca se sabía qué había en el territorio interior correspondiente a la libertad de cada cual. Con otras palabras, qué era lo que se plantaba o criaba en el campo libre de cada persona, si se cultivaba trigo o se criaban serpientes….
Autor: Eduardo Gómez
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