Entre toallas, guías de viaje y novelas, la maleta deja sitio para un libro que no es uno más: la Biblia. Llevarla en verano no es gesto simbólico, sino decisión concreta de dejar que el Evangelio venga con nosotros allí donde descansamos. Bastan pequeños hábitos sencillos para que la Palabra deje de quedarse en la estantería y empiece a acompañar paseos, silencios y noches de verano.
Autor: Luis Javier Moxó Soto
7 pasos para una parroquia: de tener «consumidores de sacramentos» a multiplicar los discípulos
«Id y bautizad y haced discípulos», pedía Jesús. Las parroquias, bautizar, bautizan. Bautizan a cualquier bebé que les lleven. Pero ¿hacen discípulos? Un discípulo es alguien que tiene una relación…
8 razones que explican por qué muchos católicos ni evangelizan ni se lo han planteado ni plantearán
Dwight Longenecker es un conocido sacerdote católico con amplia experiencia. Converso al catolicismo su camino hacia la Iglesia fue paulatino pues pasó de pastor fundamentalista protestante a evangélico de tipo carismático, luego…
¿Cómo rezar cuándo nos abruma las preocupaciones?
Las emociones que acompañan a las crisis son a menudo descritas como una sensación similar a olas gigantes rompiendo tú alrededor. Por eso, en sus Ejercicios Espirituales, San Ignacio de Loyola proporcionaba el…



















