Desde su lecho de sufrimiento, Alexandrina Maria da Costa vivió una profunda unión con Cristo, ofreciéndose como víctima por la conversión de las almas. Paralizada desde los 21 años, aceptó su dolor como una vocación, y convirtió su habitación en un verdadero santuario de intercesión. Cada
Autor: Redacción
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El orgullo adopta muchas formas y nos conduce sutilmente hacia la ruina espiritual. Descubre en este artículo los 12 pasos que nos esclavizan al orgullo, tal como los describe San Bernardo….
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Los mensajes de Dios llegan en el momento menos esperado. Aunque muchas veces, hemos escuchado historias de conversión precedidas por fuertes acontecimientos, como accidentes o enfermedades, también existen conversiones, gracias…


















