El Papa Urbano VIII abrió a Bernini las puertas de la basílica cuando apenas tenía 25 años / Crédito: Victoria Cardiel/EWTN News
Desde hace casi cuatro siglos, la Basílica de San Pedro recibe al peregrino con un abrazo fraterno. Las 284 columnas de mármol travertino de la plaza, diseñadas por Gian Lorenzo Bernini por encargo de Alejandro VII, se abren como brazos de piedra sobre todos los que llegan a Roma.
Bernini gozó de la protección de ocho Pontífices, pero su destino quedó sellado gracias a Urbano VIII.
Fue este Papa, antes Maffeo Barberini, quien le abrió las puertas de la basílica cuando apenas tenía 25 años y le confió una tarea titánica: levantar el Baldaquino sobre la tumba de San Pesto Pedro, una colosal estructura de bronce, madera y mármol cuyas columnas se elevan majestuosas para custodiar el misterio eucarístico.
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