El Jubileo 2025, con su correspondiente indulgencia plenaria, nos recuerda, creo, nuestra condición de pecadores y que, ante esta miseria de nuestra naturaleza que nos inclina a pecar de modo irremisible, tenemos que ser miseri-cordiados por Dios; es decir, dejar que nuestra miseria sea envuelta por la cordura divina (cor, cordis, en latín, significa «corazón»), por su miseri-cordia.
Autor: Miguel Ángel Irigaray Soto
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