Sin duda, el rasgo distintivo (incluso la esencia, si se quiere) de la modernidad es la negación, o al menos el abandono, de la metafísica. Dios deja de existir; o bien, aunque exista, deja de interesar al hombre moderno, que se basta y se sobra para salvarse, que se declara plenamente autónomo respecto a cualquier tradición o autoridad que no proceda de su juicio subjetivo, que por supuesto es infalible. Y se considera infalible porque cree en lo que Donoso Cortés llamaba irónicamente la ‘inmaculada concepción del hombre’, una suerte de euforia antropológica nacida del olvido del dogma del pecado original que se halla al fondo de todas las ingenierías sociales de la modernidad, tanto en su fase de vigorosa petulancia como en esta etapa terminal y putrescente.
Autor: Juan Manuel de Prada
Descúbre las apariciones de la Virgen de Medjugorje: Te llevamos hasta ella
La Santísima Virgen María es la persona más importante de toda la creación, y es hora de que reconozcamos su amor. Las apariciones de la Virgen de Medjugorje han sido atacadas durante muchos años por aquellos que se niegan a creer en Ella…seguir leyendo
5 maneras de oír lo que Dios te está diciendo
Dios siempre nos habla en diferentes momentos y de diferentes maneras. Esa es la premisa básica del libro Discernimiento del difunto Henri Nouwen, sacerdote católico romano, autor de 39 libros y…
La cultura es el camino de la Nueva Evangelización
El objetivo del Papa San Juan Pablo II de involucrar a la cultura en la Nueva Evangelización fue la construcción de una civilización del amor como fuente de libertad y…



















