Sin duda, el rasgo distintivo (incluso la esencia, si se quiere) de la modernidad es la negación, o al menos el abandono, de la metafísica. Dios deja de existir; o bien, aunque exista, deja de interesar al hombre moderno, que se basta y se sobra para salvarse, que se declara plenamente autónomo respecto a cualquier tradición o autoridad que no proceda de su juicio subjetivo, que por supuesto es infalible. Y se considera infalible porque cree en lo que Donoso Cortés llamaba irónicamente la ‘inmaculada concepción del hombre’, una suerte de euforia antropológica nacida del olvido del dogma del pecado original que se halla al fondo de todas las ingenierías sociales de la modernidad, tanto en su fase de vigorosa petulancia como en esta etapa terminal y putrescente.
Autor: Juan Manuel de Prada
Consejos para una llevar una vida Cristiana
Llevar una vida Cristiana que agrade a Nuestro Creador y a Nuestra Madre, no es difícil, y menos aburrida, como muchos pueden creer. Sin embargo, necesita dedicación. No basta con…
Milagros Eucarísticos de los últimos años
Probar la existencia de un milagro como tal puede ser una ardua labor que ha asumido la ciencia a fin de darnos respuestas. Uno de los milagros eucarísticos que más evidenciamos…..
7 pasos para una parroquia: de tener «consumidores de sacramentos» a multiplicar los discípulos
«Id y bautizad y haced discípulos», pedía Jesús. Las parroquias, bautizar, bautizan. Bautizan a cualquier bebé que les lleven. Pero ¿hacen discípulos? Un discípulo es alguien que tiene una relación…



















