Entre las ideas enloquecidas que pululan por nuestro desquiciado mundo, una francamente peligrosa es la de las peticiones para que se paguen indemnizaciones colectivas por acciones cometidas hace varios siglos. Por ejemplo, por la esclavitud.
Me imagino que no hace falta que subraye mi rechazo a la esclavitud, a rebajar a un ser humano a la categoría de objeto. Pero cuando hay quien declara que determinado país occidental debería pagar una millonada en indemnización por haberse lucrado de la esclavitud, no puedo evitar ciertas reflexiones.
Autor: Jorge Soley
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