En los tiempos que corren, parece haberse instalado en no pocas conciencias la idea de que la Iglesia verdadera es la Iglesia de los pobres y para los pobres. Desde este “pobrismo”, parecería que sólo los pobres, marginados y discriminados serían buenos a los ojos de Dios; mientras que los ricos serían los malos de la película. Desde nuestro punto de vista, eso es una rotunda falacia.
Gracias a Dios, la Iglesia siempre ha sido, es y será la institución que más se ha ocupado, se ocupa y se ocupará de los pobres y desvalidos. Y está muy bien que así sea, porque el amor de Dios por los humildes, por los que sufren, por los niños, por los ancianos, por los enfermos, por los vulnerables, es patente en la Sagrada Escritura, en la Tradición y en el Magisterio de la Iglesia.
Ahora bien, ¿la iglesia es sólo de y para los pobres? No. ¿Por qué?
Porque Dios no hace…
Autor: Álvaro Fernández Texeira Nunes

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