Resulta que el Gobierno ha decidido que «no puede haber delito en hacer humor». Cojonudo. Pongamos esta brillante idea en práctica.
Empecemos con un ejemplo: creo que la madre de Bolaños es una señora ejemplar… o quizá una mujer con aficiones nocturnas poco ortodoxas y, quién sabe, quizá su hijo nació después de un encuentro con un cerdo leproso. Jeje. Es humor, ¿no? No me miren así, ¡es gracioso! O al menos debería serlo según los nuevos estándares.
Vamos a por más. La mujer de Sánchez… bueno, digamos que podría dar sorpresas si un día se quita la peluca y resulta que en realidad es un hombre. Jeje. ¡Otra broma! Porque el humor es así: libre, salvaje, sin ataduras. Al menos cuando se ríen de los católicos, de la familia, de la Virgen o de cualquier otra cosa. Ahí, todo vale.
¿Y si seguimos? Me pregunto si quemar vivos a todos los votantes de Sánchez…
Autor: Jaime Gurpegui
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