Reconozco que últimamente entro a muchos sitios con el alma a medio gas. No porque no merezcan la pena, sino porque una llega ya cansada de sí misma. Reuniones, artículos, llamadas, compromisos, la sensación constante de ir sobreviviendo a la agenda mientras la vida interior queda siempre aplazada para “cuando haya tiempo”. Y así se empieza a desarrollar esa peligrosa costumbre moderna de acudir a los lugares solo físicamente, mientras por dentro sigue respondiendo correos imaginarios.
Autor: Matilde Latorre de Silva
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