Hakuna es ya considerado un movimiento de la Iglesia. Sus miembros, bautizados como pringados, no tienen exactamente normas. Tienen algo parecido a un decálogo hippie en el que se abarca desde sonreír y saludar, mirar a los ojos —lo que nos enseñaron nuestros padres cuando aprendíamos a comunicarnos—, ofrecer el día, “cuidar un Sagrario” —sí, el verbo cuidar, como si Dios fuese un ser que necesitase de nuestros cuidados y no, más bien, de nuestra adoración—, lectura espiritual…
“Prohibido no disfrutar de seguir a Cristo, especialmente en las fiestas y espacios de diversión”, reza dicho decálogo.
Y si hay algo que caracteriza precisamente a los hakuners es eso: la farra.
Hay farra allá por donde van. ¿Retiro espiritual —o God Stop, en la jerga maglana—? Copas. ¿Convivencia de pringados —lo llaman PAM—? Farrón. ¿Viaje de verano —escapada,…
Autor: Aurora Buendía
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