Con el manifiesto de 2004 del parlamentario británico David Willetts y su incendiaria sentencia de que «el feminismo es el nuevo natalismo» surgió una corriente, la del «feminismo natalista» o el «feminismo de la fecundidad».
Un postulado transversal que ligaba el incremento de la natalidad a la desaparición del hipotético «patriarcado», de modo que solo con la incorporación masiva de la mujer al trabajo o la desaparición de los llamados «roles tradicionales de género» se podría revertir la extendida pirámide de población invertida y el invierno demográfico.
Los países nórdicos, Finlandia, Suecia o Noruega, son frecuentemente enmarcados en esta tendencia feminista por sus propuestas de conciliación laboral, fomento de la natalidad y división de responsabilidades.
En Finlandia, por cada hijo se ofrecen hasta 320 días de permiso a repartir entre el padre y la madre…
Autor: José María Carrera
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