Por Brad Miner
La guerra es algo terrible. Si encontramos gloria en ella, es porque admiramos a los soldados por su valentía, su pericia y su sacrificio. He conocido soldados que desfilan en los desfiles del Día de los Caídos o del Cuatro de Julio y se sienten orgullosos de su servicio, exactamente como en el Día de San Crispín en Agincourt, cuando Enrique V (según el Bardo) prometió a sus soldados:
El que sobreviva a este día y llegue a la vejez,
cada año en la víspera invitará a sus vecinos a un festín
y dirá: “Mañana es San Crispín”;
entonces se arremangará y mostrará sus cicatrices
y dirá: “Estas heridas las recibí el día de Crispín”.
Los viejos olvidan; sin embargo, todo se olvidará,
pero él recordará con ventaja
las hazañas que hizo aquel día; entonces nuestros nombres,
familiares en su boca como palabras del hogar…
serán recordados de nuevo en sus…
Autor: The Catholic Thing
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