Considerando que sólo Dios puede aprovechar un mal para extraer de él un bien, le doy las gracias a Broncano, Lalachus y a toda la disecada cohorte -que no corte- de bufones por instigar a los fieles a amar y defender a Cristo, por despertarles de su letargo, para adherirse en espíritu a los actos de desagravio. Se lo agradezco de corazón, y nunca mejor dicho.
Como explica el sacerdote y eximio teólogo Jacques Philippe en sus libros La paz interior y La libertad interior, Dios permite el mal con el objetivo de que saquemos un bien mayor de la caída. Evidentemente, ni lo provoca, ni lo acepta como algo bueno, ni desea que se produzca, pero deja que suceda con la máxima de que nos demos cuenta de nuestra debilidad, para que depositemos nuestra confianza en Él, en vez de en nosotros mismos. En palabras de San Juan Pablo II, “las caídas te mantienen humilde”.
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Autor: Ignacio Crespí de Valldaura
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