Qué catetos, los globalistas. No hablo ahora de los cursis del cosmopolitismo, que se sienten ciudadanos del mundo sin percatarse del oxímoron. Se es ciudadano de una ciudad o pueblerino de un pueblo, como yo, sin que eso quite que uno pueda estar la mar de contento con el cosmos. Un árbol se arraiga en sus raíces y se abre en sus ramas, mientras admira las nubes que pasan y aplaude a las que llueven. Confundirlo todo puede resultar fotogénico y sinestésico y nada más. Aquí vengo a hablar de una catetez más tangible.
Los globalistas se limitan a criticar al mundo occidental, a desdeñar nuestro patriotismo, a gritar contra nosotros mismos y a menospreciar nuestro (pequeño) mundo. El multiculturalismo es monocultural. Sólo aplica en los países de tradición cristiana.
Ante la falta de libertad en China no dicen ni mu. Son asuntos internos. Ante la matanza de cristianos…
Autor: Enrique García-Máiquez

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