El invierno es especialmente duro en los monasterios y conventos. Estos edificios antiguos, con espacios muy amplios y techos altos, son difíciles de calentar. Pasillos, refectorios, salas de trabajo, capillas, celdas, salas de estudio permanecen durante meses a temperaturas muy bajas.
«Muchas comunidades contemplativas evitan encender la calefacción para reducir gastos. El frío que soportan es difícil de imaginar y puede afectar seriamente a su salud», explican desde la Fundación DeClausura.
Durante el invierno, el gasto de la calefacción se suma a otros costes inevitables de monasterios y conventos: mantenimiento, reparaciones y arreglos necesarios. Ante esta situación, la decisión suele ser siempre la misma: reducir el único gasto “evitable”, encendiendo…
Autor: Religión Confidencial
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