Cuando felicitamos el Año Nuevo, parece que la felicidad que deseamos quede ligada a unos acontecimientos ajenos y externos a nuestra voluntad, por lo que está justificado que también deseemos «suerte» para esta lotería en la que desconocemos qué nos va a tocar. Hemos hecho nuestros rituales paganos para atraer esa suerte, cómo pueden ser comer las uvas, justo en ese momento en el que antes nuestros padres rezaban agradeciendo a Dios el año que terminaba y pidiendo su bendición y ayuda para el que se iniciaba.
Autor: Herminia Navarro
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