En las cercanías de Ann Arbor, icónica ciudad universitaria del estado de Michigan, se encuentra una de las últimas respuestas al establishment urbano. Juan Pablo II y Benedicto XVI lo calificaron de «estructuras de pecado» al hablar de los núcleos atomizados, donde el desarraigo impera, los segundos pasan en vez de vivirse y la fe, en el mejor de los casos, sobrevive a duras penas. Es una granja. Sus fundadores, un grupo de amigos -jóvenes y con muchos hijos-, decidieron fundar una comunidad donde tener fe, educar a los hijos y vivir en paz no fuesen temas aislados ni tabú. Así nació Cottonwood Farm.
Es solo uno más de los emplazamientos surgidos a la luz de la conocida «opción benedictina» que cada vez más prolifera en Estados Unidos, Francia o Italia. Clear Creek, la ciudad de Tom Monaghan, Ave María, la comunidad Veritatis Splendor, en Tyler, Texas, la iniciativa…
Autor: José María Carrera
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