A la Iglesia, cuerpo místico, le duele en especial una llaga infringida como en su cuerpo humano (cf. 1Co 12,12). Por haber sido una herida ignorada o deliberadamente oculta nos parece ahora “nueva” y, por ello, es aún más sangrante. Estamos ante el pecado más vil y en el terreno más exclusivo de la “vida en el Espíritu”, allí donde pensamos que la santidad de un hijo de Dios está a salvo.
Autor: Pere Montagut Piquet
La Nueva Era, una secta de cuidado
El reiki y la Nueva Era (New Age) se han extendido cada vez más por la sociedad buscando el bienestar físico y mental que producen. Conoce todos los detalles y…
Jacinta Marto, la pastorcita que nos enseña el valor del sacrificio
El 20 de febrero se cumplió el centésimo aniversario de la muerte de Santa Jacinta Marto, la pastorcita de Fátima fallecida en Lisboa con solo diez años. Todos conocemos la…
Impresionantes evidencias de la presencia de Dios en el vino y el pan
Desde hace muchos años han ocurrido manifestaciones de Dios en el momento de la eucaristía. Se han desencadenado una serie de fenómenos, en diversos países de todo el mundo que…


















