Ez 34,1-11
En aquellos días, me vino esta palabra del Señor:
-Hijo de Adán, profetiza contra los pastores de Israel, profetiza diciéndoles: ¡Pastores! esto dice el Señor:
-¡Ay de los pastores de Israel
que se apacientan a sí mismos!
¿No son las ovejas
lo que tienen que apacentar los pastores?
Os coméis su enjundia,
os vestís con su lana;
matáis las más gordas,
y las ovejas no las apacentáis.
No fortalecéis a las débiles,
ni curáis a las enfermas,
ni vendáis a las heridas;
no recogéis las descarriadas,
ni buscáis las perdidas,
y maltratáis brutalmente a las fuertes.
Al no tener pastor, se desperdigaron
y fueron pasto de las fieras del campo.
Mis ovejas se desperdigaron y vagaron sin rumbo
por montes y altos cerros;
mis ovejas se dispersaron por toda la tierra,
sin que nadie las buscase siguiendo su rastro.
Por eso, pastores,
escuchad la palabra del Señor:
¡Lo juro por mi vida!…
Autor: ReL

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