Con motivo de una polémica reciente, han sido muchos los zoquetes que se han referido de forma burlona o condescendiente a las estampas religiosas, que consideran una patética superstición fetichista, propia de gente mermada. Pero lo cierto es que en el fetichismo se produce siempre un desplazamiento de nuestro amor hacia un objeto inanimado, que así se convierte en un ídolo; algo que no hallamos en la veneración a las imágenes religiosas.
Quien padece la perversión fetichista, incapaz de amar a una persona de carne y hueso y de expresar afectos complejos, ama sus prendas o reliquias; así sus afectos se mudan morbosamente en idolatría. Nada de esto le ocurre a quien venera una imagen religiosa, pues su devoción no se vuelca sobre el papel en que dicha imagen está impresa, ni en el lienzo en el que ha sido pintada, ni en el barro en que ha sido modelada. La devoción a…
Autor: Juan Manuel de Prada
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