Autor: ReL
En 1984, la napolitana Fortuna Agrelli se encontraba irremediablemente enferma y sin ninguna esperanza de curación. Tras trece meses soportando intensos dolores y sufrimientos y desahuciada por los médicos, la joven moribunda comenzó a rezar el rosario junto a su familia pidiendo lo que ya era su última esperanza, la intercesión de la Virgen.
«Reina del Santo Rosario, ten misericordia de mí, ¡devuélveme la salud! Ya te he rezado en una novena, oh María, pero aún no he experimentado Tu ayuda. ¡Estoy tan ansioso por ser curada!», suplicó.
Finalmente, el 3 de marzo de 1884 María se apareció ante Agrelli y se dirigió a ella: “Me has invocado con varios títulos y siempre has obtenido favores míos. Ahora que me has llamado por el título tan grato para mí, ‘Reina del Santo Rosario’, ya no puedo rechazar el favor que me pides; porque este nombre es el más preciado y querido para mí. Haz…

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