Existe una ley no escrita de la providencia divina que los teólogos suelen pasar por alto con excesiva frecuencia, probablemente porque están demasiado ocupados discutiendo sobre el sexo de los ángeles o el latín de los misales. La ley en cuestión es de una sencillez desarmante: el Espíritu Santo trabaja infinitamente mejor cuando los obispos se ven reducidos a la irrelevancia que cuando se pasean bajo palio repartiendo bendiciones y licencias de apertura de colegios.
Autor: Francisco Segarra
Milagros Eucarísticos de los últimos años
Probar la existencia de un milagro como tal puede ser una ardua labor que ha asumido la ciencia a fin de darnos respuestas. Uno de los milagros eucarísticos que más evidenciamos…..
7 pasos para una parroquia: de tener «consumidores de sacramentos» a multiplicar los discípulos
«Id y bautizad y haced discípulos», pedía Jesús. Las parroquias, bautizar, bautizan. Bautizan a cualquier bebé que les lleven. Pero ¿hacen discípulos? Un discípulo es alguien que tiene una relación…
¿Cómo rezar cuándo nos abruma las preocupaciones?
Las emociones que acompañan a las crisis son a menudo descritas como una sensación similar a olas gigantes rompiendo tú alrededor. Por eso, en sus Ejercicios Espirituales, San Ignacio de Loyola proporcionaba el…

















