Jean Paul Sartre, el célebre filósofo ateo, es un personaje muy complejo, y a más de uno le puede sorprender que, cuando tenía 35 años, escribiera un auto de Navidad para una representación teatral de Nochebuena. Estaba entonces en un campo de concentración, y sus compañeros le pidieron que escribiera algo para levantar el ánimo. También su educación cristiana pudo influirle a la hora de tomar esta decisión. El caso es que nos dejó un escrito de una enorme belleza, del cual extraigo la frase más emotiva. La pone en boca de María, supliendo ese silencio de los evangelistas a la hora de contar qué sintió Nuestra Señora cuando tenía a Jesús en sus brazos:
[La Virgen María] le mira y piensa: «Este Dios es mi hijo. Esta carne divina es mi carne. Ha sido hecho por mí; tiene mis ojos y el trazo de su boca es como el de la mía; se me parece. ¡Es Dios y se me…
Autor: Ciencia y fe en diálogo
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