Con el método característico de su Suma Teológica, Santo Tomás plantea intrigantes objeciones sobre la idoneidad del nombre elegido para el Hijo de Dios, y luego las responde.

Redacción (18/12/2023, Gaudium Press) La costumbre de imponer nombres evocadores y simbólicos a los niños siempre ha sido común en la historia de las diferentes civilizaciones. En el antiguo Oriente, por ejemplo, el nombre buscaba significar la esencia de algo, para definir a la persona nombrada por alguna cualidad, peculiaridad o, en el caso del pueblo hebreo, por la misión específica otorgada por Dios al recién nacido. [1] Esta noción aparece en varios pasajes de las Escrituras.
En este asunto hay un episodio que llama especialmente la atención: la imposición del nombre de Jesús.
¿Incoherencia entre el Antiguo y el Nuevo Testamento?
Santo Tomás de Aquino, con el método característico de su…
Autor: Saúl Castiblanco

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