Me sale poner en medio el idiotómetro, incluso el gilipollómetro, y no me voy a quedar con las ganas.
Ayer terminé las fiestas de mis pueblos. El remate braojeño, ciertamente espectacular: cuatro días con misa solemne, procesión, subasta de varas y ramos y aperitivo popular, y un día de romería a la ermita. Nada mal. Mucha asistencia, especialmente a la romería, con un rito que se repite año tras año: traslado de la Virgen hasta la ermita, con acompañamiento de dulzainas, trajes serranos y baile de jotas. Al llegar, subasta de varas y ramos, ofrenda floral, misa «serrana» solemnísima con compañamiento de guitarras, laúdes, tambor y dulzaina, y, al acabar la misa, presentación de niños a la Virgen. Aperitivo una vez más, y traslado de nuevo a la parroquia.
Yo no tengo homologado fidiómetro alguno que me permita calibrar si la fe de los braojeños y su cariño…
Autor: Jorge González Guadalix
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