Pregunten en cualquier parroquia medio normal, hablen con sacerdotes. Se lo van a confirmar. Hoy las intenciones para las misas están de capa caída. La razón es evidente. O mejor, las razones son de pura lógica.
La primera, evidentemente, la desaparición en la predicación ordinaria del purgatorio y los sufragios por los difuntos. Hartos de escuchar en las homilías que nuestro hermano Fulanito ya está en el cielo, independientemente de su vida anterior, pues buena gana de rezar por él si resulta que no lo necesita. Ni rezar, ni rosarios, ni misas ni nada. Era costumbre, ya saben, celebrar por el alma del finado al menos la misa de cuerpo presente, el novenario y el aniversario, al menos en zonas rurales. También era bastante común encargar misas en el aniversario, todos los meses en el día del fallecimiento. Sigue entre algunos creyentes la costumbre de las misas…
Autor: Jorge González Guadalix
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