Sofía Puente Hernández, de 24 años, lleva cuatro años como una de las agustinas del Monasterio de la Conversión. Se educó en una familia que no era practicante ni interesada en la fe.
Fue a la JMJ de Cracovia sin saber casi nada de la fe y luego aprendió a encontrar a Dios en la enfermedad y a entregarse a Él. Contó a ReL su historia fe y vocación estando en el Observatorio de lo Invisible, un encuentro de seis días de arte y espiritualidad.
Sin fe apenas en casa, dependía del colegio
«Mi familia no tenía una fe activa, sólo algo de tradición católica. Si iba a una escuela con religión, había fe en mi vida. Si no, no. Me bautizaron con 6 años porque mis padres querían que fuéramos algo conscientes del acto. En secundaria no tuve relación ninguna con la fe, pero en el bachillerato ya sí», recuerda.
Fue en esa época cuando «un hermano de una congregación…
Autor: Pablo J. Ginés
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