«Los discípulos de Juan ayunan con frecuencia y hacen oraciones, y los de los fariseos también; en cambio, los tuyos comen y beben». La pregunta parece razonable. Juan el Bautista había llamado a la conversión; los fariseos observaban prácticas religiosas rigurosas; el ayuno formaba parte de la espera, de la penitencia y de la súplica del pueblo de Israel. ¿Por qué, entonces, los discípulos de Jesús no se ajustan a aquella forma conocida de piedad?
Autor: Luis Javier Moxó Soto
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