Una de las recomendaciones más olvidadas de la doctrina social católica (si es que en esta época desalmada y demagógica se recuerda alguna) es la que aconseja la participación de los trabajadores en los beneficios de las empresas. Pío XI, en su encíclica Quadragesimo Anno, lo expresa sin ambages: «Sería más conforme con las actuales condiciones de la convivencia humana que, en la medida de lo posible, el contrato de trabajo se suavizara algo mediante el contrato de sociedad […]. De este modo, los obreros y empleados se hacen socios en el dominio o en la administración o participan, en cierta medida, de los beneficios percibidos». También Pío XII se expresó en la misma línea, señalando en el mensaje que dirigió en 1951 a los trabajadores españoles que se debe fomentar «todo aquello que, dentro de lo que permiten las circunstancias, tienda a introducir elementos…
Autor: Juan Manuel de Prada

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