En estos días se subasta en Nueva York un collar de aguamarinas siberianas realizado en 1911 por el taller de Carl Fabergé, proveedor habitual de la casa imperial rusa. Las gemas pertenecieron a la esposa del zar Nicolás II, Alejandra Fiódorovna, quien desempeñó un singular papel en el declive de la dinastía reinante. El poeta decimonónico Fiódor Tiúchev decía que no se puede entender Rusia tan solo con la razón. En realidad, tan solo con la razón no se puede entender casi nada y menos los acontecimientos políticos, en los que se mezclan todo tipo de elementos, muchos de ellos confinantes con el surrealismo. Magistralmente describe esa etapa final de la Rusia de los zares Antony Beevor en su interesante ensayo Rasputín y la caída de los Romanov (Barcelona 2026).
El aderezo de aguamarinas del que hablamos se…
Autor: Guillermo Juan Morado
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