El terremoto que sacude hoy a la Iglesia anglicana confirma lo que muchos venían advirtiendo desde hace años: cuando la fe se subordina a la ideología, el resultado es el cisma. La reciente elección de Sarah Mullally como nueva arzobispa de Canterbury —la primera mujer en ocupar ese cargo y símbolo del progresismo eclesial británico— ha provocado la ruptura definitiva dentro de la comunión Anglicana. Su postura no es de rebeldía, sino de fidelidad. En palabras de un arzobispo ugandés, “preferimos la comunión con Cristo antes que con una institución que ha olvidado su alma”.
El paralelismo con Roma: la herida de Fiducia supplicans
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Autor: INFOVATICANA
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