No solemos confesarlo. Decimos otras cosas. Falta de paciencia. Cansancio. Mal día. Carácter fuerte. Pero rara vez decimos la verdad: he faltado a la caridad. Porque suena antiguo. Porque parece exagerado. Porque nos hemos acostumbrado a pensar que la caridad es solo dar limosna o ayudar cuando sobra tiempo. Y no. La caridad es otra cosa. Mucho más incómoda.
Autor: Matilde Latorre de Silva
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