Lo saben los veteranos de las JMJ: es una peregrinación, incluyen calor, cansancio, incomodidades y cierto nivel de sufrimiento. La gran prueba es la tarde del sábado y la salida el domingo tras la misa final.
Cientos de miles de jóvenes llegan a un espacio grande, en este caso el Parque del Tajo, rebautizado «Campo de Gracia», y buscan la zonas que se les ha asignado. Y edición tras edición, suele estar ocupada.
Las zonas no se respetan. Los hay que quieren estar con sus nuevos amigos. Otros, con los de su movimiento de otro país. Otros, más cerca del escenario o donde da la sombra. Y hay quien llega sin haberse apuntado, por lo general portugueses (o españoles entusiastas de última hora) que simplemente acuden «al mogollón».
El resultado es que los grupos llegan a su zona y los encuentran con «okupas» que han plantado tiendas, y a veces trincheras, alambres de espinos…
Autor: Pablo J. Ginés
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