Es fácil observar que en la Iglesia de hoy se puede negar cualquier dogma salvo uno: la primacía papal. Y no deja de ser curioso que los medios y prelados más piadosamente hiperpapalistas hayan llegado a este nuevo estado solo con la llegada de Francisco.
Hizo falta llegar a finales del S. XIX para definir, no sin bronca polémica, la infalibilidad del Papa, lo que no significa, naturalmente, que la doctrina en cuestión no fuese pacífica y universalmente aceptada hasta esa fecha. Lo que sí puede significar, por el contrario, es que no se consideró hasta entonces necesario o conveniente, y que no era ni es un dogma de la misma centralidad que aquellos en los que se basa toda nuestra fe.
En el principio de todo, históricamente (y en nuestra fe, la historia, la realidad material de lo que pasó, lo es todo), está la Resurrección de Cristo. Si Cristo no ha resucitado, vana es…
Autor: Carlos Esteban
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