Lo tienen claro en el Opus Dei. Tan claro, que ya el propio prelado manda cartas para dejar el mensaje cifrado a sus fieles: que venga lo que venga de Roma, ellos seguirán haciendo lo que les dé la gana. Traducido al lenguaje curial, suena más piadoso: «Nada cambia en el espíritu, ni en las normas de piedad y costumbres de familia». Pero quien sabe leer entre líneas entiende el mensaje: hagan lo que hagan en el Vaticano, nosotros seguiremos siendo los mismos. Y en el fondo, eso equivale a decir que harán lo que les parezca.
La ironía es que todo lo que les pasa ahora —la inminente mutilación jurídica, la pérdida del poder interno, la indiferencia de Roma— es el precio de décadas de docilidad, de prudencia mal entendida, de confundir fidelidad con sumisión y fe con comodidad. El Opus Dei ha prestado, quizá sin quererlo, un servicio monumental a la progresía…
Autor: Diego Lanzas
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