Conciliar la vida familiar y laboral es, para muchos, el equivalente contemporáneo de caminar sobre las aguas: una hazaña que solo se mantiene en pie mientras uno no mire demasiado al abismo del calendario. A primera hora, el café humea como incienso ante el altar del día; a media mañana, ya se ha derramado dos veces sobre la agenda; y por la tarde, una se descubre meditando si el don de bilocación no debería considerarse virtud teologal.
Autor: Matilde Latorre de Silva
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