Pensar la vida desde la categoría del juego puede ser una provocación teológica, ya que esta imagen permite expresar con notable profundidad el modo en que la fe cristiana comprende la existencia: no como una tarea puramente utilitaria, sino como participación libre, responsable y gozosa en el designio amoroso de Dios. Vivir en el juego de Dios no equivale a vivir superficialmente, sino a reconocer que la creación es fruto de la gratuidad divina y que nuestra libertad encuentra su sentido dentro de un horizonte que nos precede y nos supera.
Autor: Gabriel Leal Gudiño
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