Hay heridas que el tiempo no cura. Enterrar a un hijo es una de ellas. Quienes hemos pasado por esa experiencia sabemos que no hay consuelo posible, en mi caso la fe: se puede aprender a vivir con la ausencia, pero nunca se logra borrar el vacío. Las fechas que vuelven, los sueños que se quedaron sin cumplir, los objetos que permanecen… todo habla de lo que pudo ser y no fue.
Autor: Matilde Latorre de Silva
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