Hay heridas que el tiempo no cura. Enterrar a un hijo es una de ellas. Quienes hemos pasado por esa experiencia sabemos que no hay consuelo posible, en mi caso la fe: se puede aprender a vivir con la ausencia, pero nunca se logra borrar el vacío. Las fechas que vuelven, los sueños que se quedaron sin cumplir, los objetos que permanecen… todo habla de lo que pudo ser y no fue.
Autor: Matilde Latorre de Silva
¿Cómo rezar cuándo nos abruma las preocupaciones?
Las emociones que acompañan a las crisis son a menudo descritas como una sensación similar a olas gigantes rompiendo tú alrededor. Por eso, en sus Ejercicios Espirituales, San Ignacio de Loyola proporcionaba el…
Articulo Juan Manuel de Prada ‘Un Poco de Paciencia’
Terminábamos nuestro artículo anterior con una observación muy atinada de Concepción Arenal, que nos alertaba sobre los males más pavorosos, que no son los que «las leyes condenan y la…
Jacinta Marto, la pastorcita que nos enseña el valor del sacrificio
El 20 de febrero se cumplió el centésimo aniversario de la muerte de Santa Jacinta Marto, la pastorcilla de Fátima fallecida en Lisboa con sólo diez años. Todos conocemos la …



















