Descenso demográfico, escasez de viviendas, aumento de la delincuencia y la violencia entre los menores, agravamiento de la pobreza -especialmente entre las mujeres-, aceleración de los trastornos mentales entre los jóvenes, colapso del nivel escolar… Todas estas alarmantes constataciones que describen la situación actual de nuestro país tienen en común un mismo elemento de resolución: sin duda, no estarían en tan mal estado si Francia hubiera llevado a cabo una verdadera política familiar, destinada a fomentar la estabilidad de los hogares.
Autor: Élisabeth Geffroy
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