Vivimos una época en la que el sentido común cada vez es menos común, pues hasta los miembros de las altas instituciones del Estado se prodigan en contradicciones e incoherencias, y la anomía (vivir y obrar según uno mismo, como si Dios no existiera, fuera de la ley natural y de la ley revelada), a la que se refiere San Pablo como “misterio de iniquidad” (2 Tes 2, 7) campa a sus anchas, fruto de las ideologías deshumanizadoras y beligerantemente anticristianas, sobre todo anticatólicas, que han impregnado la sociedad de forma creciente desde el siglo XX.
La última muestra, el visto bueno del Tribunal Constitucional (TC) a la inclusión del acto de rezar delante de un abortorio en el delito de acoso del Código Penal. El TC es un órgano que se encarga de velar por el respeto a la Constitución, pero es el propio TC, con su fallo respaldando la ley iniciativa del…
Autor: Marta Pérez-Cameselle
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