Podemos pensar en la Cuaresma como un tiempo para erradicar el mal o cultivar la virtud, como un tiempo para arrancar la cizaña o para plantar buenas semillas. Está claro cuál es el mejor enfoque, porque el ideal cristiano siempre es positivo más que negativo. Una persona se hace grande no por la ferocidad de su ocio al mal, sino por la intensidad de su amor a Dios.
El ascetismo y la mortificación no son los fines de la vida cristiana, sino solo los medios. El fin es la caridad. La penitencia solo abre una grieta en nuestro ego para que la luz de Dios pueda irrumpir en él. A medida que nos deshinchamos, Dios nos llena. Y es la llegada de Dios lo que es importante.
Venerable Fulton Sheen
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Autor: Bruno Moreno
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