By Fr. Paul D. Scalia
«Señor, enséñanos a orar». Esta súplica de los discípulos surge de sus circunstancias inmediatas. Acababan de ver al propio Cristo orar. Y sabían que Juan el Bautista había enseñado a sus discípulos a orar. Es razonable, pues, que pidan lo mismo a nuestro Señor.
Señor, enséñanos a orar. Esta súplica surge, más profundamente, del corazón humano. Es una petición que todo discípulo debe dirigir al Señor. Hemos sido creados para la oración, para esa conversación íntima con Dios, para caminar con Él en la brisa del día. Pero no sabemos orar como conviene. Necesitamos instrucción.
Y debido a que nuestra naturaleza herida se descarría, necesitamos ser corregidos también. Hasta que no reconozcamos la inutilidad de nuestra propia oración, no empezaremos realmente a orar. Implícito en la súplica de los discípulos está que hay una…
Autor: The Catholic Thing
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