Cinturones de seguridad, airbag, aire acondicionado, protección antilluvia… Resultan elementos indispensables para todo sello automotriz que se precie. Pero a mediados de los años 50, eran una revolución que pocas marcas se atrevían a emprender, aún a pesar de que unas 35.000 personas fallecían cada año en accidentes de tráfico en Estados Unidos.
Un sacerdote, Alfred A. Juliano, se atrevió a anticipar estos elementos, aún a costa de lo estético. Setenta años después, la prensa sigue recordándole por crear el coche «más seguro del mundo», pero también «el más feo«.
Nacido el 19 de diciembre de 1919 en Pensilvania, desde los trece años mostró una temprana vocación con su entrada al seminario de la Orden del Espíritu Santo.
En sus ratos libres, Juliano compaginaba su formación con su pasión por la ciencia y el diseño de coches y aviones, haciendo gala de…
Autor: José María Carrera
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